¡DEJA DE COMERTE LAS UÑAS! ESTE MAL HÁBITO PODRÍA DAÑAR GRAVEMENTE TU SALUD
Muchas personas practican onicofagia sin darse cuenta del daño que le están produciendo a sus dientes. #Fitness #MalosHábitos #Onicofagia #Uñas #Ansiedad #Estrés
La onicofagia, es decir, el acto de comerse las uñas, es algo común en los niños menores de 3 años, aunque puede persistir hasta la madurez. Este mal hábito, prácticamente involuntario, puede ser desencadenado por la exposición constante a situaciones de estrés o ansiedad, si bien a menudo se desarrolla de forma inconsciente y prolongada.
Comerse las uñas no solo afecta la estética de nuestras manos, sino que también tiene implicaciones mucho más graves y dolorosas. Por un lado, las uñas pueden dejar de crecer debido a la mutilación constante, y por el otro, quedamos expuestos a una serie de enfermedades y padecimientos que desearás evitar a toda costa.
¿Cuáles son las consecuencias de la onicofagia?
Desgaste dental
Al morder continuamente las uñas, los incisivos superiores e inferiores pueden llegar a astillarse debido a que el esmalte dental se debilita progresivamente, generando sensibilidad y aumentando las probabilidades de desarrollar caries o fracturas.
Infecciones bucales
Nuestras manos tocan continuamente objetos contaminados que pueden transmitirnos gérmenes y bacterias. Al morder las uñas, ingieres directamente todos estos organismos dañinos potencialmente infecciosos. Una de las infecciones más comunes es la gingivitis, que puede progresar hasta convertirse en periodontitis, lo cual provoca inflamación en las encías, enrojecimiento, sangrado, sensibilidad e incluso la caída de los dientes, en casos más graves.
Asimismo, al morderte las uñas corres el riesgo de encajarte pequeñas astillas en la cavidad bucal, lo que puede generar aftas en la boca.
Halitosis
Es común que las personas que se comen las uñas tengan mal aliento producido por las bacterias que se alojan en las manos y en la parte inferior de la uña.
Problemas en la mandíbula
Cuando muerdes tus uñas con demasiada frecuencia, puedes alterar la articulación temporomandibular, causando un exceso de estrés en ella y en los músculos alrededor, lo que hará que tu mandíbula duela incluso cuando quieras hablar. Asimismo, puedes sufrir alteraciones en la arcada de tu boca que generen maloclusión; es decir, que la alineación de tus dientes se modifique, afectando la posición de tu mordida,
Problemas gastrointestinales
Este mal hábito puede generar gastritis y gastroenteritis, padecimientos que se caracterizan por el aumento de reflujo. Si los ácidos estomacales suben a la boca con frecuencia, pueden alterar tu pH y afectar el esmalte dental, por no decir que incrementa la proliferación de bacterias en la boca e incluso puede llegar a generar cáncer de esófago si este se expone al ácido durante mucho tiempo.