TRES POEMAS PARA RECORDAR A FEDERICO GARCÍA LORCA EN SU ANIVERSARIO LUCTUOSO
Lorca es uno de los poetas de la lengua española más reconocidos y admirados de todos los tiempos. Hoy más que nunca, en su aniversario luctuoso, recordamos que este brillante autor sigue vivo en cada palabra inmortalizada a través de su poesía. #BuenaVida #FedericoGarcíaLorca #Poesía #Granada #GarcíaLorca #Teatro
Por Daniela A.H.
Hoy 18 de agosto se celebra el aniversario luctuoso del poeta español más importante del siglo XX y uno de los más admirados en la historia de la literatura hispana: Federico García Lorca. Si bien no conoce con exactitud la fecha de su muerte, se cree que sucedió una noche entre el 17, 18 y 19 de agosto, en un camino rural ubicado cerca del barrando de Víznar, en Granada, sitio en el que fue asesinado con arma de fuego, junto con un maestro humanista llamado Dióscoro Galindo y dos toreros anarquistas; no obstante, el paradero de su cuerpo sigue siendo desconocido.
La magnitud de la muerte de Federico García Lorca solo puede ser comparada con la grandeza de su obra literaria. Desde las obras teatrales Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, pasando por poemarios como El romancero gitano y Poema del cante jondo, son solo algunos de los títulos de sus obras más célebres, admiradas en todo el mundo por la riqueza de su composición lírica. En ellas, la voz del pueblo emana como cascada en tierra estéril, reavivando el paisaje de la imaginación con historias de belleza trágica que encarnan la vida del débil, del oprimido. Como dijera el propio poeta granadino:
“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera”.
Lorca nació a las 12 de la noche del 5 de junio de 1898, en Fuente Vaqueros, un pueblo de la provincia de Granada. La posición adinerada de sus padres le permitió acceder a educación de calidad desde pequeño, desarrollando por influencia de su madre, una maestra, el gusto por la literatura. No obstante, a pesar de vivir en el privilegio, Lorca fue criado bajo ideales altruistas, por lo que desde joven desarrolló la preocupación, interés y empatía por los más desfavorecidos, característica que lo acompañaría siempre y asentaría las bases de gran parte de su obra literaria.
Sin embargo, en una época de enorme tensión política, Lorca era considerado una amenaza progresista para muchos, particularmente del bando derechista español. Su ideología, orientación sexual (Lorca era homosexual) y su renombre como intelectual le valieron al poeta estar en la mira de grupos peligrosos que deseaban su destrucción.
Fue el 16 de agosto de 1936, luego de que estallara la Guerra Civil Española, que Federico cayó a manos de Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de ultraderecha, quien llevaba consigo una orden de aprehensión contra el poeta acusado de ser espía ruso, homosexual y secretario del ministro republicano Fernando de los Ríos. Asimismo, Ramón afirmó que Lorca había hecho más daño “con la pluma que otros con la pistola”. El arresto ocurrió en la casa de su amigo Luis Rosales, quien pertenecía, de hecho, al bando falangista.
Luego de pasar varias horas encerrado junto a otros hombres capturados por los sublevados, Lorca fue trasladado al lugar de su muerte. El nombre de su asesino es desconocido, aunque según relatos, Juan Luis Trescastro, un abogado derechista y amigo de Ruiz Alonso, fue por las tabernas de Granda presumiendo haberle dado “el tiro de gracia” al poeta. Por otro lado, tampoco se sabe el paradero de sus restos. Se cree que el cuerpo de Lorca fue enterrado en una fosa común próxima al barranco de Víznar; sin embargo, a pesar de las excavaciones realizadas en el sitio, este no ha sido recuperado.
El arte del poeta granadino sigue resonando a través del eco de la historia y de la poesía. Sus poemas, conferencias y obras teatrales siguen siendo vigentes y un motivo de alegría para miles de personas. Como escritor amante de la cultura popular, Lorca plasmó en sus textos el alma del pueblo y dejó que el mismo pueblo se apropiara de sus versos y los inmortalizara en la voz atemporal de la tradición; algunos de ellos como “verde que te quiero verde” son bastante repetidos por la gente, a pesar de que no se recuerde con exactitud el nombre de su autor.
Así pues, con motivo del aniversario luctuoso de uno de los poetas más importantes y queridos de la lengua española, a continuación, te compartimos tres poemas de este inigualable escritor. Como dice por ahí una famosa frase: “Buscaban a García Lorca en una fosa común de Granada y lo encontraron vivo en todas las bibliotecas del mundo”.
Agosto
Agosto.
Contraponientes
de melocotón y azúcar,
y el sol dentro de la tarde,
como el hueso en una fruta.
La panocha guarda intacta
su risa amarilla y dura.
Agosto.
Los niños comen
pan moreno y rica luna.
Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?...
Ella sigue en su baranda
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Compadre, quiero cambiar,
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna,
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
Lluvia
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!