MASARU EMOTO Y CÓMO EL AGUA SANA A TRAVÉS DEL SONIDO Y LA PALABRA
Los impresionantes descubrimientos de este autor sugieren que el agua es capaz de reaccionar a la intención del sonido, la palabra y el pensamiento, modificando en consecuencia su estructura molecular. #BuenaVida #MasaruEmoto #MensajesDelAgua #Agua #Cristales #Sanación
Por Daniela A.H.
En la década de los 80, el doctor japonés Masaru Emoto se interesó por investigar las propiedades del agua, motivado por los estudios de su amigo Lee H. Lorenzen. Con el fin de llevar a cabo su labor académica y poder ver y medir las partículas del agua, Masaru consiguió llevar a Japón una máquina llamada MRA o Analizador de Resonancia Magnética (Magnetic Resonance Analyzer), la cual le permitía medir el hado (palabra en japonés que se puede traducir como “onda” o “movimiento”) del agua; es decir, la vibración emitida por la interacción entre los electrones y el núcleo de los átomos que conforman la materia. En las propias palabras de Emoto, el hado es es la unidad mínima de energía invisible, presente incluso en el sonido y la electricidad.
Los patrones de onda emitidos por el movimiento en el átomo son únicos e irrepetibles, además de que son irregulares y cambian de acuerdo con la conciencia de quienes los observan, algo que sigue sorprendiendo a los científicos hasta la actualidad. Esta propiedad le permitió a Emoto observar de qué manera el sonido, las palabras y los pensamientos pueden afectar la estructura molecular del agua, fotografiando sus cristales después de congelarla.
Los primeros experimentos de Masaru y su equipo consistieron en observar bajo el microscopio la forma de los cristales de agua tomada del grifo y el agua tomada de fuentes naturales, como lagos, ríos y manantiales. Lo que los investigadores descubrieron es que el agua tomada directamente de su fuente natural formaba cristales de hielo con formas hermosas, mientras que los cristales del agua de grifo eran deformes o inexistentes. Esta evidencia sugiere que el movimiento y la poca contaminación presente en el ambiente es un factor vital para que el agua se mantenga sana, lo cual, aunque no sea visible a simple vista, se reflejará en la salud de nuestro organismo.
Posteriormente, Emoto y sus colaboradores decidieron avanzar y observar el efecto del sonido en las moléculas del agua. Colocaron un recipiente lleno de agua destilada entre dos altavoces y reprodujeron diferentes tipos de música para capturar su efecto. Los resultados demostraron que la música no solo cambia la estructura de los cristales del agua, sino también que su forma reflejaba la intención o significado de la composición. Por ejemplo, temas de Mozart, Beethoven, Chopin y Bach produjeron cristales hermosos que expresaban los sentimientos de la música, como agradecimiento, despedida, alegría, etc. Por otro lado, cuando se expuso el agua a música de heavy metal o temas con letras desagradables, la estructura molecular de los cristales parecía haberse destrozado o mostraban un aspecto bastante turbio.
Una vez obtenidos estos resultados, el equipo de investigación quiso probar el efecto de las palabras directamente en el agua. Por un lado, hicieron pruebas hablándole en voz alta, y, por el otro, experimentaron colocando papeles con palabras escritas al recipiente; por ejemplo, a un contenedor le pegaron la palabra gracias y a otro la palabra estúpido, luego dejaron reposar el agua toda la noche y al día siguiente la congelaron. Las fotografías de los cristales demostraron una clara diferencia entre ambas pruebas, donde el contenido del primer recipiente formó un hermoso cristal de hielo, mientras que el segundo presentó una estructura deforme y oscura. Esta misma diferencia se observó también en el simple cambio entre decir “hagámoslo” y “hazlo”: la primera palabra, más amable y que implica colaboración, produjo un copo hexagonal bien formado; pero la segunda palabra, escrita en un tono imperativo, creó una figura semejante a un agujero negro.
El siguiente paso del doctor Masaru obtuvo, quizás, el resultado más impresionante de todos. El reto era transmitir a través del pensamiento, la conciencia, una intención al agua estando a kilómetros de distancia de ella. El doctor Emoto les envió cartas a alrededor de 500 instructores hado de todo Japón, donde les informaba que, el día 2 de febrero 1997, dejaría un vaso con agua a las 2:00 h sobre la mesa de su oficina. La tarea era que, a esa hora y al mismo tiempo, todos le enviaran buenos deseos al agua con amor, esperanza y agradecimiento. Al día siguiente, al fotografiar los cristales del agua congelada, el doctor comprobó que, efectivamente, a diferencia de su estructura antes del experimento, ahora el agua formaba preciosos cristales semejantes a una flor. El equipo de investigadores quedó tan impresionado que casi se echaba a llorar.
El trabajo de investigación del doctor Masaru Emoto está registrado en diversos libros publicados a lo largo de su carrera profesional. Sus descubrimientos fascinan al mundo entero, porque demuestran que todo lo que decimos, pensamos o hacemos afecta directamente la realidad que nos rodea, incluso nuestra propia existencia. Teniendo en cuenta que nuestro cuerpo está conformado por más del 70% de agua (aproximadamente), Emoto nos invita a reflexionar sobre los efectos que nuestras acciones ejercen sobre nosotros mismos, sobre nuestra salud y forma de ver la vida. Con base en esto, algunos han sugerido que el agua intencionada podría ayudar a sanar las enfermedades y mejorar nuestro estado de ánimo. Como señala el doctor Masaru, el agua, tal y como refleja el exterior gracias a su transparencia, también es el espejo de nuestra realidad interna, capturando aspectos que incluso nosotros desconocemos, como si percibiera el inconsciente colectivo del planeta, la naturaleza y la humanidad.

