BUENA VIDA

''CAMINANTE, NO HAY CAMINO'': EL POEMA DE MACHADO QUE NOS RECUERDA EL VALOR DE VIVIR EN EL PRESENTE

Se trata de uno de los poemas más conocidos del autor español, el cual nos recuerda que la vida es solo un viaje. #BuenaVida #AntonioMachado #Poesía #Generación98 #Literatura #LiteraturaEspañola

 

Por Daniela A.H.

 

Popularizado en 1969 por el cantautor español Joan Manuel Serrat, el poema conocido como Caminante no hay camino, escrito por el poeta sevillano Antonio Machado (1875-1939), sigue siendo un referente de esperanza y consuelo ante la incertidumbre que nos acorrala día tras día, mientras buscamos sobrevivir al ritmo voraz de la sociedad contemporánea. Con un estilo que combina la tradición, la musicalidad y la sabiduría populares, Machado nos ofrece una lección de vida revestida por el encanto y la belleza de su poética: vive el presente, que el futuro se construye hoy.

La poesía de don Antonio fue cambiante, pero siempre mantuvo viva la raíz del folclor español, inspirada en él por su padre, el antropólogo y escritor Antonio Machado Álvarez. Sus obras beben de la fuente de la lírica popular, vibrante, siempre con agua nueva y, sin embargo, con el sabor del roce constante a la piedra antigua. Esto se notará con mayor nitidez en su antología Campos de Castilla, publicada en 1912, y particularmente en la sección Proverbios y cantares, donde se incluye el poema antes referido en los versos con el número XXIX (29).

 

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

 

Así comienza la famosa composición del poeta sevillano, recalcando desde los primeros versos la idea general del poema: la transitoriedad. La vida interpretada como un viaje ha sido uno de los tópicos más comunes en la lírica universal, pues la condición efímera de la existencia humana es algo que ninguna cultura en toda la historia ha podido negar. Una vez que nacemos, nuestro ineludible destino es morir; sin embargo, antes de llegar al culmen, existe un tramo igualmente inevitable al que llamamos vida. La forma en la que decidamos andar por este camino es subjetiva y personal; sin embargo, es un hecho que la mayoría de nosotros nos hemos dejado llevar por la vorágine social que nos dice “¡Ey! Aquí está tu propósito” y nos presenta una senda prefabricada: estudia, cásate, ten hijos, “sé alguien en la vida”. Y tú preguntas: “¿cuál ‘alguien’ seré?” y el mundo responde: “¡El mismo que todos!”.

En un mundo que nos presiona por hacer que nuestra existencia tenga “un significado”, el poema de Machado nos recuerda que nuestros pasos por este mundo también se borrarán, no importa qué tan profundas que sean las huellas. Esto no debe ser tomado con negatividad, sino como una invitación a apreciar a quienes somos aquí y ahora. La certeza de que nada permanece es lo que define nuestra realidad. Todo cambia, se renueva y se olvida. Eso significa hacer "caminos sobre la mar".

El poeta continúa:

 

Nunca perseguí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles,

como pompas de jabón.

 

Me gusta verlos pintarse

e sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse….

 

Estos versos resaltan la belleza intrínseca de los eventos que nacen y mueren todos los días con el mismo encanto y fugacidad. El poeta no busca lo inamovible, sino que se deleita en contemplar la expresión temporal de la vida. Esta es, quizás, la posición más sabia que un ser humano puede tomar frente al mundo, una que nos remite a la edad infantil, cuando cada momento era ante nuestros ojos un motivo de asombro, de descubrimiento y maravilla; cuando nuestro entorno se resumía en aquello que teníamos delante y nada más. No estamos aquí para buscar la eternidad en la materia perecedera, sino para expresarnos con intensidad mientras nuestra presencia perdura. Es fluir con la verdad que todos los seres y objetos en este universo comparten.

Es por esto por lo que los versos siguientes son tan reveladores:

 

Nunca perseguí la gloria.

 

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

 

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar…

 

Cuántos de nosotros no vivimos preocupados por el mañana, por organizar nuestro futuro, olvidándonos de que el momento presente contiene en sí mismo el pasado y el porvenir: hoy experimentamos lo que mañana será solo un recuerdo, pero también aquello que ayer fue motivo de nuestra ansiedad. “La vida solo puede ser comprendida vista hacia atrás, pero debe ser vivida mirando hacia adelante”, decía Søren Kierkegaard, y es verdad. El lugar donde nos encontramos ahora es producto de nuestras decisiones en el pasado, y es un hecho que no podemos cambiarlas. Sin embargo, como el buen Machado señala, somos quienes crean su camino al andar, así que… ¿hacia dónde queremos dirigir nuestros pasos ahora? ¿qué sendero nos gustaría observar cuando, al volver la espalda, contemplemos los caminos por los que hemos transitado? Para el poeta, nuestro paso por la vida es una estela en la mar, un trazo en el vasto lienzo de la existencia que se desvanecerá algún día, pero que, sin duda, “estuvo” allí.

 

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espinos

se oyó la voz de un poeta gritar:

"Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…"

 

Golpe a golpe, verso a verso.

 

Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse, le vieron llorar.

"Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar…".

 

Parece una perspectiva pesimista considerar que nuestro albedrío apenas puede llamarse “libre”. ¿Ese poeta decidió marcharse a un país vecino por decisión propia o se vio orillado a desviar su camino por fuerzas externas? En el día a día, ¿son nuestras decisiones realmente nuestras o nos dejamos llevar por impulsos ajenos? Mientras nos dirigimos hacia la muerte, ¿el trayecto que tomamos es nuestra elección? Es verdad que hay situaciones en la vida que no nos dejan opción. Aquellos que viven en guerra, pasan hambre, angustia y sufrimiento diariamente, ¿qué caminos pueden construir? La sentencia de Machado es la misma: “Se hace camino al andar”. La libertad humana nunca ha sido absoluta; es apenas el eco de un sueño lejano, el atisbo de una verdad desconocida. Pero existe, e incluso si se escurre como arena entre las manos, ten por cierto quedará al menos un granito sobre la yema de tu dedo. Entonces, quizás podemos construir caminos llenos de curvas, escaladas o inclinaciones, pero que serán tan libres como nuestra voluntad, aunque sea poca, nos lo permita.

 

Golpe a golpe, verso a verso…


Cuando el jilguero no puede cantar.

Cuando el poeta es un peregrino,

cuando de nada nos sirve rezar.

"Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…".

 

Golpe a golpe, verso a verso.

 

En los versos finales, Antonio Machado reafirma su poema como una lección de vida y nos invita a recordar sus palabras en los momentos en que todo parezca perdido. Cuando la alegría te abandone, cuando sufras por conflictos que no fueron tu decisión, cuando todo parezca perdido y hayas perdido la fe, no olvides que “no hay camino, se hace camino al andar”. No necesitas correr, puedes avanzar “golpe a golpe”. El propio poema refleja este mensaje, porque “verso a verso” él también crea su realidad finita marcada por el ritmo de sus acentos, sus rimas y sus repeticiones, el cual, si prestamos atención, parece imitar el compás de una caminata alegre.

Siempre, no importan las circunstancias, tú decides qué rumbo tomar. Incluso en las situaciones más desesperadas, cuando es fácil perderse en la ilusión de que el siguiente paso es incontrolable, recuerda que, como dijo Sartre, “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Incluso si esto te parece un cliché, mantén esto presente: no pierdas la fe en ti mismo.