LAS ESTATUAS MÁS MANOSEADAS DEL MUNDO
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(NATIONAL GEOGRAPHIC) Millones de turistas repiten cada año rituales vinculados al amor, la fortuna o el regreso a una ciudad, dejando marcas visibles en algunas de las esculturas más famosas del planeta.
Los testículos del toro de la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán han vuelto a ocupar titulares. El emblemático mosaico, situado en el corazón de la capital lombarda, acaba de ser restaurado por segunda vez en menos de una década después de que miles de visitantes desgastaran sus baldosas siguiendo una antigua superstición: apoyar el talón sobre la figura y girar tres veces para garantizar el regreso a la ciudad. Lo que durante años fue una divertida tradición turística terminó convirtiéndose en un problema de conservación.
La escena no es una excepción. Desde Nueva York hasta Dublín, pasando por Florencia, Verona o Budapest, existen monumentos que reciben diariamente caricias, besos, abrazos y todo tipo de contactos por parte de viajeros que buscan atraer la buena suerte, encontrar el amor o asegurarse prosperidad económica. En muchos casos, esos gestos han acabado dejando una huella física tan visible que las autoridades se han visto obligadas a intervenir para proteger el patrimonio.
La reciente restauración del toro milanés ha vuelto a poner el foco sobre una práctica tan extendida como difícil de controlar. Nadie sabe con certeza cuándo comenzó la tradición de girar sobre los testículos del animal, uno de los cuatro mosaicos que representan a distintas ciudades italianas en la histórica galería comercial. Lo que sí está documentado es su éxito: durante décadas, miles de personas repitieron el ritual hasta abrir un auténtico cráter en el suelo.
El caso recuerda al del célebre Toro de Wall Street, en Nueva York. Allí, las colas de turistas se forman cada día alrededor de una escultura que simboliza la fuerza de los mercados financieros. La leyenda popular asegura que tocar sus cuernos atrae la suerte, mientras que frotar sus testículos garantiza prosperidad económica. El resultado es evidente: algunas de las zonas más tocadas brillan de forma llamativa frente al resto de la superficie de bronce.
Algo parecido ocurre en Florencia con Il Porcellino, el famoso jabalí de bronce instalado cerca del Mercato Nuovo. La tradición dice que acariciar su hocico asegura el regreso a la ciudad toscana y que depositar una moneda correctamente trae fortuna. Décadas de contacto constante han transformado su nariz en una superficie dorada, y el fenómeno llegó a tal punto que el original fue trasladado a un museo y sustituido por una réplica.
No todas las supersticiones tienen que ver con el dinero. Algunas de las más populares están relacionadas con el amor, y también han terminado afectando a monumentos históricos. En Verona, cientos de visitantes se acercan cada día al patio de la Casa de Julieta para tocar el pecho derecho de la protagonista de la tragedia de Shakespeare. La creencia popular sostiene que el gesto trae suerte en las relaciones sentimentales. Sin embargo, las miles de manos que repiten el ritual acabaron provocando un agujero en la estatua de bronce, obligando a sustituir la pieza original en 2014. Años después, la copia instalada volvió a mostrar signos de desgaste.
Una historia similar se vive en Dublín con la figura de Molly Malone, uno de los grandes símbolos de la capital irlandesa. La tradición asegura que tocar sus pechos atrae la buena fortuna, una costumbre tan arraigada entre los turistas que las autoridades han debatido en varias ocasiones cómo proteger la escultura sin eliminar por completo el ritual que la hizo famosa.
Incluso tumbas y monumentos funerarios han terminado incorporándose a esta geografía de la superstición. En París, la estatua del periodista Victor Noir recibe cada año miles de visitas de personas convencidas de que tocar determinadas partes de la figura favorece la fertilidad o mejora la vida sentimental.
La nariz del presidente Abraham Lincoln en Springfield, los dedos del filósofo David Hume en Edimburgo o la barriga del conocido "Policía Gordo" de Budapest son solo algunos ejemplos de una lista que no deja de crecer. En todos ellos se repite el mismo patrón: una leyenda popular, una promesa de suerte y millones de manos dispuestas a comprobar si funciona.
Y aunque el toro de Milán haya recuperado ahora su aspecto original, todo apunta a que la historia volverá a repetirse. Porque estas son solo algunas de las estatuas más famosas castigadas por el entusiasmo de los turistas. En realidad, el mapa mundial de monumentos desgastados por supersticiones es tan amplio que resulta prácticamente imposible de contabilizar.
Articulo original: https://viajes.nationalgeographic.com.es


